Pequeña ruta al fin del mundo (ii)

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En esta ocasión os proponemos otra ruta camino de Finisterre desde A Coruña. Hay muchísimos sitios en los que uno se puede desviar y visitar. Uno de los más emblemáticos aparte del castillo de Vimianzo son las «Torres de Allo» en Baio. Sólo hay que desviarse unos pocos kilómetros de la carretera general y seguir la indicación de la iglesia parroquial de San Pedro de Allo; un singular ejemplo de la arquitectura religiosa de la zona.

 

Inmediatamente después atravesando una carretera flanqueada por árboles señoriales y centenarios, se llega a este histórico edificio. Se encuentra perfectamente restaurado y actualmente es un museo de interpretación artística de la zona.

 

Aprovechad vuestro paso por Baio para comer en cualquier de los restaurantes de la zona. Nuestra recomendación Casa Cruz o A Lareira.

Continuamos nuestro viaje hacia Finisterre dejando el monasterio de Dozón (ya cerca de Cee, desviándose hacia Muxía) donde le dedicaremos un apartado especial, aunque ya hemos hablado algo en la entrada «Camino de Finisterre» sobre la experiencia de «Aurora de los caminos» y del trabajo que están realizando. Poco después nos paramos en el monasterio de Moraime, pasando por las playas de Lago y de Os Muiños. Actualmente las antiguas dependencias del monasterio ya restauradas, están esperando el beneplácito de la administración para convertirse en un magnífico hotel rural. Beneplácito que nunca llega, por lo cual hay que instar para que esto se lleve a cabo lo antes posible.

Poco después nuestro itinerario nos lleva a la playa de Rostro, espectacular y salvaje. Estas imágenes de invierno hablan de la bravura de sus aguas y la espectacularidad de la playa y su entorno.

Al llegar a nuestro objetivo que es la playa de Langosteira (la entrada de Finisterre) nos desviamos a la derecha y nos encontramos en el valle de Duio. Se puede subir hasta la aldea de Mallas y ahí os recomendamos un magnífico lugar de descanso por lo maravillosa de sus vistas, el buen gusto de sus edificaciones y la amabilidad de sus nuevos propietarios Nacho y Teresa. Se trata de «La casita de Finisterre», y por supuesto son amigos nuestros (podeís decir que vais recomendados nuestros).

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